Mucho más que dar y recibir, una historia de altruismo por Alejandra Hevia

13 May

Emprender no es solo buscar el éxito, también es tirarse a la piscina por la causa que uno cree, y muchas veces sin esperar mucho a cambio. Esta vez  Si es país para jóvenes os trae a María y Alejandra, dos langreanas de 20 años  de que un día dijeron que o se paraba el mundo o se bajaban que en uno así no querían vivir.

Comenzaron con el voluntariado mientras cursaban 3º de la ESO, en ellas influyó las actividades que llevaban a cabo en su colegio, y sobremanera las charlas por conocidos que les contaban sus experiencias realizando labores en países del Sur. Como Alejandra afirma: “Nos contagiaron. Ser voluntaria para mí es una necesidad en mi vida”.

Forman parte de PROYDE una ONGD sin afán de lucro, que lleva 24 años luchando por un objetivo social prioritario: La Cooperación al Desarrollo. A través de colaboraciones, como en este caso la Institución Hermanos de las Escuelas Cristianas – La Salle buscan lograr la máxima de que es posible construir un mundo en el que todas las personas vivan dignamente


Como hay mucho que contar, creo que cada una se merece su propio espacio. Hoy ha levantado la mano una y le toca hablar. Alejandra Hevia, a punto de diplomarse en Magisterio por Educación Física y actualmente profesora en prácticas nos ha contado un poco sobre su experiencia como voluntaria.

– ¿Realmente la sociedad está concienciada con la realidad que se está viviendo en esos países? ¿O se limita a ver sus penurias a la hora de comer y seguir viviendo como si nada?

 – Entre lo blanco y lo negro siempre hay una gran escala de grises. Hay gente que siente “pena” por aquellos que peor lo están pasando, ya sea porque lo leen en un periódico, porque lo ven en una noticia, les hablan de ello en el colegio, o hay algún TT mundial relacionado en ese momento. Se oyen pequeñas voces que hablan de “injusticia”, de “qué suerte tenemos”.

Desde luego, que hay guerra en el mundo lo sabe todo el mundo. Que a cada segundo un niño se muere de hambre también. Que existe la explotación infantil, ¡por supuesto! Incluso podemos dar nombres de empresas con marcas conocidas por todos, a las que compramos, beneficiamos y ayudamos para que sigan como hasta ahora. Se me ocurren así a bote pronto unas ¿15? Y seguro que sin pensarlo mucho, tú también sabes de alguna. Y nos quedamos de brazos cruzados, ¿no? Esa es la idea que tiene la mayoría de la gente, sin embargo yo conozco a un montón que no se quedan de brazos cruzados, y que les importa lo que pasa en otras partes del mundo.

La sociedad es muy pesimista en cuanto a este tema. La mayoría de las noticias tienen un componente dramático bastante importante, y no nos cuentan más que desgracias, por lo tanto nos quedamos con esa idea. Necesitamos un poco de optimismo, y de verdad. Que no nos cuenten solo lo malo, solo aquello que les interesa.

Alejandra nos recomienda para entender a lo que se refiere el siguiente vídeo “El peligro de una sola historia” por la novelista nigeriana Chimamanda Adichie.

– Tú como estudiante de  Magisterio, bueno a decir verdad ya como prácticamente profe ¿Qué es para ti saber que mientras enseñas a niños, otros miles no sabrán nunca qué es sentarse en un pupitre o poder saber leer para leer un libro de cuentos?

 – Aquí y allá, cada niño es diferente, con sus amigos, con su familia, con sus circunstancias… Siempre diferentes, pero siempre iguales; siendo niños. Cuando leo un texto como:

“1.800.000 personas mueren anualmente por falta de agua. 4.900 niños perecen diariamente por no contar con agua potable. Tener inodoro y sistemas de saneamiento es fundamental para la existencia. 2.600 millones de personas carecen de ellos, lo que les lleva a una vida miserable que afecta gravemente a su salud. Con sólo el presupuesto militar actual mundial de 5 días, el déficit de agua y saneamiento podría reducirse a la mitad.”

Para todos son datos importantes, pero para mí estos datos ya tienen una carita, una historia, un nombre y apellidos.

Es muy difícil conocer niños generosos, educados, agradecidos y trabajadores, que vienen sucios a clase porque no tienen agua potable en casa, pero te traen los deberes hechos. Y que hace dos semanas una de las alumnas a las que imparto clase  me haya dicho que llega tarde porque su madre se estaba maquillando, y no ha traído los deberes por salir con prisas de casa. Esta situación no me hace sentir pena del niño que no tiene agua potable en casa precisamente…

Los niños son los que menos culpa tienen de todo lo que sucede a su alrededor, y sin embargo son los más influenciable por todo ello. Desde las escuelas tenemos una labor muy importante; educar. Los profesores influenciamos directamente sobre los niños con todo lo que hacemos y decimos, durante las “x” horas que estén en el colegio. Un gesto, un saludo, una llamada de atención… todo es educación. Y desde ahí podemos actuar en cuanto a que conozcan más historias, en cuanto a mostrar alternativas de vida, en cuanto a crear conciencia… Está todo en nuestras manos, solo nos falta el apoyo del resto del mundo, pero incluso sin él, si de una clase de 25 niños, hay uno al que hacemos reflexionar sobre algún tema en el que nunca se había parado a pensar, el objetivo estará cumplido.

-Permiteme que comparta contigo una apreciación personal, hay épocas donde la televisión nos bombardea con anuncios de apadrina un niño, otras sobre la necesidad de construir escuelas y alfabetizar a los niños, ahora mismo la prensa no deja de informar sobre la hambruna que afecta Sahel, pero por ejemplo ¿Quién nos recuerda ya la situación actual  en Haití de los damnificados tras el terremoto, con todos los telediarios que ocupó? Y mi pregunta por tanto es, ¿En cierto modo nos movemos por morbo de un hecho concreto y cuando una desgracia ya no es novedad, la olvidamos? ¿Cómo se cambia esto?

Obviamente una novedad siempre mueve más que algo que “normalizamos”. El hambre, la sequía, la explotación… son desgracias normalizadas en nuestro mundo, no son una novedad. Nos acostumbramos a que las hay y punto.

¿Cambiar? Jajaja Personalmente mandaría a cada una de las personas de este “privilegiado” mundo, unos seis meses a vivir a un pueblo africano, de los privilegiados de verdad. De esos donde se valora cada gesto, cada palabra, cada pertenencia… Y así nos daríamos la pena suficiente como para pensar en qué narices estamos metidos, dónde narices estamos viviendo y qué se supone que estamos haciendo con nuestra vida…  Mientras se vea todo desde una perspectiva de fuera, sin llegar a conocer el mundo de verdad, no nos daremos cuenta de que lo que estamos viviendo es una mentira. Es como una obra de guiñol en la que somos meras marionetas.

– ¿Qué ha sido lo que más te ha marcado en este camino como voluntaria?

Sin duda hasta ahora la experiencia que más me ha marcado como voluntaria ha sido el proyecto internacional de cooperación en Las Malvinas de Jujuy (Argentina). Me ha cambiado, en cuanto a la manera de ver y sentir las cosas. Y he aprendido a crecer “de otra manera” después de vivir la experiencia.

Nosotras estuvimos en un colegio en las Malvinas de Jujuy. Llegamos allí sin saber qué íbamos a hacer, en qué podíamos ayudar, cual iba a ser “nuestra misión”. Al final el proyecto nos dimos cuenta de que si no hubiéramos pasado por allí, las cosas seguirían igual que hasta entonces; en un mes no enseñamos a leer a los niños que no sabían, no pudimos arreglar ninguna situación familiar que nos contaban… en realidad nos dimos cuenta de que nuestra misión allí no era más que ESTAR y APRENDER.

No cambiamos nada de aquello, durante el mes largo que pasamos allí, sin embargo ese mes si que nos cambió a nosotras.

Os dejo un par de fotografías de su estancia en Jujuy y pinchando aquí podeis entrar la bitácora del viaje. En la próxima entrada su compañera María, nos dejará sus impresiones sobre la labor que realizan.

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Una respuesta to “Mucho más que dar y recibir, una historia de altruismo por Alejandra Hevia”

  1. Ana 13 de mayo de 2012 a 20:59 #

    Inspira saber que estamos haciendo muchas cosas 🙂

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